Leo, Daniel y Maribel no son compañeros de trabajo, pero casi. Trabajan en sectores y empresas diferentes y no comparten jefe, ni clientes. De hecho, hace unos meses ni siquiera se conocían. Pero cada mañana acuden con su portátil a una misma oficina, se sientan a escasos metros de distancia y, cuando les apetece desconectar un rato, comparten café y confidencias.
Practican el coworking, una tendencia muy implantada en Estados Unidos que empieza a ganar adeptos en España. En nuestro país cada vez más personas practican el teletrabajo, un sistema que ofrece evidentes ventajas pero también algunos inconvenientes, sobre todo por la sensación de soledad y aislamiento que sufren muchas personas que trabajan desde casa. Y es que muchos teletrabajadores echan en falta el ambiente de una oficina física convencional, aunque sea simplemente para poder salir a fumar con el compañero de al lado. El coworking consiste en compartir espacio de trabajo con otros profesionales de sectores totalmente diferentes, desde informáticos y diseñadores hasta arquitectos, periodistas o escritores. En EE.UU., donde existen unos 28 millones de teletrabajadores, existe una amplia red de locales de coworking que comienza a ampliarse con espacios repartidos por todo el mundo: en el blog del movimiento (http://blog.coworking.info) puede consultarse un mapa actualizado.
En España el pionero de esta tendencia fue Garage30, un espacio inaugurado en Madrid en el 2003. Su fundador, Raúl Andrés, ha tejido una red con nuevos espacios repartidos por otras ciudades, como Barcelona, Málaga y Sevilla. En su opinión, el coworking es una oportunidad no sólo para los teletrabajadores, sino también para las compañías. “Nos unimos a su estrategia de teletrabajo ofreciendo a las empresas con teletrabajadores un acceso a garajes por ejemplo dos días a la semana –explica Andrés–. Así, durante unos días pueden cotrabajar junto a otros profesionales de la misma o diferentes empresas y el resto de los días en casa, una mezcla que eleva la productividad y ayuda a romper con el aislamiento”. Algunos espacios de coworking son facilitados a Garage30 por empresas a las que les sobran metros de oficina. Además de obtener un beneficio económico y aprovechar un espacio inutilizado, acoger a teletrabajadores de otros sectores puede ser enriquecedor para la propia empresa que alquila el espacio. “Tener un grupo de emprendedores trabajando al lado supone un aliciente para los empleados de la propia compañía y ayuda a mejorar el clima laboral”, opina Andrés. La red de Garage30 ha crecido también con locales de propietarios particulares que, con la crisis, encontraban dificultades para alquilarlos a usuarios más convencionales. “Al principio no entendían nuestra opción, pero ahora han comprendido que el coworking les ofrece rentabilidad y una mayor seguridad de cobro, porque con nuestra propuesta de compartir los costes, el riesgo de perder el inquilino se reducen mucho”, destaca Andrés.